miércoles, 10 de septiembre de 2014

Quien necesita discos

 
Allá por el 2005 mi estado mental era similar al de una cabra esquizofrénica vestida de Dainese. Como seguía siendo el mas  pordiosero del centro de salud donde hacia que curraba, mi montura por aquella época no pasaba de una achacosa Suzuki GS 500 de 5ª mano que había comprado por 300 euros tras verla abandonada mas de 3 años enfrente de mi casa.

 La absurda idea que llevo a hacerme con ella,  era la de fabricarme una "Poli Replica" y entrar en la comisaria de Gijón disfrazado de municipal para una escena de mi DVD al estilo GhostRider pero con mi inconfundible toque cutre gracias a mi presupuesto Bollybudiense.

Como es lógico y tras una exhaustiva revisión consistente en echarle gasofa e inflarle mal las ruedas, la moto acabo en su entorno natural para el que fue diseñada: "En la Espina picándose con las 1000".



Las primeras visitas fueron bastante bien. Mayormente porque lo de rutear no es lo mío y a la Espina, la GS iba en un carro tirado por mi Citroën BX grupo B (de basura). Parecía una buena idea (para mi)pero claro, la fiabilidad de una moto encontrada tirada en la calle no suele ser mucho mayor que la de la moto italiana media así que a la 3ª visita y bajando como un loco dirección Trevias, empiezo a notar que la el freno empieza a ponerse ligeramente durillo.

Al principio mi talento se impuso al problema, pero cuando el nivel de dureza se asemejaba al del adamantium, instintivamente busque con la mano izquierda la ruedecita de ajuste de la bomba olvidando que la M1 de motogp, la había dejado aparcada en el garaje y que  iba montado en un trasto ochentero con un patético mono disco delantero.

La GS nunca anduvo mucho, pero si encima las pastillas se empeñan revelarse contra su amo  y señor, frenando ellas solas, la cosa se volvía complicada por momentos.



Siempre que me quedo tirado con una moto, alguien con sentido del humor, se encarga de que estemos a mas de 30 y que yo salga vestido de casa con  lo mas racing de mi fondo de armario. Así de esa guisa,  me quede con la GS mutada en estrella de neutrones imposible de mover en el puñetero medio de la carretera teniendo que hacer uso de mi hercúlea fuerza, obtenida tras años de no acercarme a menos de 2km de un gimnasio, para acercarla al guardarrail.

A pesar de la alergia me veo forzado (sin urbason) a entablar conversación con algún rutero que ejercía sus habituales  funciones de chicane  móvil del circuito, para que me deje alguna herramienta ya que las alpinestars habían demostrado no ser útiles para sacar pinzas de frenos.

Por supuesto ninguna herramienta que no fuese una lanza térmica hubiese logrado sacar aquella pinza así que no me quedo mas remedio que esperar a que el calor pasase de las pinzas al humano. Cuando ya estaba al punto exacto de cocción y no me quedaban mas divinidades a las que ofender,  los frenos empezaron a soltarse ligeramente lo que me permitió llegar arrastrándome cual rutero cualquiera a los boxes de Trevias.



Por una cosa (vago) y por otra (de mierda) me encontré al sábado siguiente con la moto sin arreglar y con que sorprendentemente Asturias disfrutaba de dos fines de semana con sol seguidos por primera vez en  la historia. Como es lógico lo de quedarse en casa todo el sábado haciendo a los 34 lo que solo hacen los de 14, no era aceptable si había la mas mínima  opción de comportarse como un mongol de 14 sobre una moto a los 34.

A muy poca gente "normal" le hubiese parecido normal lo de ir a andar con un freno delantero que se empeñaba en griparse solo a la mas mínima oportunidad. Así que como yo me considero normal, decidí arreglarlo quitando del el medio el causante del problema, en este caso la pinza de freno.

Estaba claro que la moto no se iba a bloquear mas a no ser que la bloquease el maletero de un camión. Dada mi amplia experiencia sobre la GS sabia que entre el freno motor y el minúsculo disco trasero, al menos las 600 estarían a mi alcance.



La cosa no empezó muy bien ya que la inercia que coge una GS bajando la rampa de un carro es sorprendente cuando no hay freno para pararla. Pegártela sin tan siquiera haber metido la llave no es un buen presagio pero yo nunca fui supersticioso.

Ligeramente cauteloso y porque no decirlo dolorido tras quedar atrapado varios minutos entre el carro y la GS me dirigí cuesta abajo y sin frenos (literal) en dirección al bar motero local. La cautela duro lo que tardaron en adelantarme un grupo de privadillos. Como alguien dijo hace años "si piensas que pasas... pasas" así que yo me dije "si piensas que no hace falta frenar...no frenas" Dicho y hecho a la 5ª curva rodilla al suelo y que sea lo que el brembo trasero quiera.



Tras varios "allá voy " "Aquí me quedo " y "la cagamos pelayin" llegue al bar de Trevias donde como es lógico dado mi vocación de Rock Star no tarde ni medio minuto en dejar caer así; como quien no quiere la cosa, que había ido sin freno delantero en la GS. Varios autógrafos y miradas "este no es normal" mas tarde, la moto ya estaba de nuevo en la espina sobre su carro dirección Gijón con varias pegatinas con nombres de japonesas en su deposito y un piloto/mongol  que había descubierto que si lo piensas bien:

LOS FRENOS DELANTEROS NO VALEN PARA NADA




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