lunes, 6 de abril de 2015

 
ARRASTRANDOLO EVERYTHING
 
 


Jamás olvidaré mi primera visita al Pedrosu. Los guajes de hoy en día salen con el Alpinestar del concesionario junto con sus patéticas cosas de baja cilindrada y 4 tiempos, que de manera incomprensible, se venden ahora.

Pero allá por los 90, la mayoría teníamos que elegir:

O mono, o Castrol para no gripar la 2 tiempos, que incomprensiblemente comprabamos como mongoles por aquella época..


De modo que si tenías el talento o los huevos para ir rodilla al suelo con tus mandrake de 40.000 km el juego, solo podías usar las rodilleras de cuando, en vez de hacer el burro con la moto, lo hacías con el Sancheski. Aunque sin las latas de Coca Cola pegadas, para que aguanten mejor el rozamiento.
 
 
 

La primera vez que me ví en la necesidad de unas deslizaderas, no fué para mi, sino para el otro mono neuronal del Team Gardner. Eramos unos jóvenes moteros pordioseros de gama baja con cacharros de 2 tiempos, estábamos en 1992 por mitad del Pedrosu. Y cuando surgió la maravillosa idea de nuestro valiente ataque a la cúspide del estamento quemadil, ninguno tenía a mano unas deslizaderas de esas que solo llevaban los quemados más pudientes, pegadas a sus hoy considerados, Daineses vintage.

Por supuesto, eso no fué impedimento para un par de irresponsables decididos, bien, a llegar a casa como quemados rozadores de rodilla, o al hospital como politraumatizados graves.
 
 

Como adolescente de recursos para todo, menos para lo más importante a ojos de un adolescente, no tardé en localizar, medio enterrada en la cuneta de la lentiiiiiiiiiiiiiiisima curva de primera elegida, una lata de aceitunas.


 

Ya había sido testigo con anterioridad de las virtudes de las latas como silencioso paralelo y económico en vespinos tuneados por otros pordioseros similares. Así que no tuve ninguna duda de su perfecta validez como deslizadera homologada.

Tras rescatarla incoscientemente de la maleza, sin la protección adecuada, descubrí demasiado tarde, que las hormigas tambien habían descubierto su utilidad como residencia de verano oficial de su hormiga reina.

Una vez derrotado su agresivo ejercito, que ganaba posiciones rapidamente antebrazo para arriba, logré instaurar la republica, base de hostiar la lata como un loco histerico contra el asfalto. Dejando la deslizadera lista para el uso
 
 
 
 

Ese día solo mononeuronal J, ascendió de categoría. Mientras mononeuronal P, se quedó con las ganas una semana más en la división de plata.


Decidido a lograr el ascenso matemático antes de final de temporada, mononeuronal P, acudió la semana siguiente al supermercado de debajo casa, a comprarse unas delizaderas. Las latas de aceitunas eran muy caras y evidentemente de tamaño no homologado, así que para no forzar y cargarse los carenados de la Gilera por 3ª vez ese año, decidió comprarse unas deslizaderas de lluvia marca Fonvella de litro y medio.


Más o menos a la vigésima pasada al borde del desastre, la botella, gracias a 2 o 3 rollos de celo enrollados alrededor de la rodilla cual momia egipcia desquiciada, por fin había aguantado pegada a la rodilla, sin rodar montaña a bajo, quedar mirado hacia arriba por el viento o empeñarse en acabar debajo de la puñetera rueda trasera logrando la ansiada y recordada primera arrastrada de rodilla un 14 de mayo de 1992.
 
 
 
 


Una vez en la élite de la división de honor y con el estatus de galactico recien adquirido, había que profesionalizarse. Así que lo de conseguir el material de competición en las tiendas de alimentación del barrio, se había acabado
 
Dicho y hecho, al lunes siguiente me dirigí al concesionario a pillar unas preciosas deslizaderas Dainese rojas. No sé que porcentaje del sueldo de mi colega Ronaldo se lleva su Lamborghini Aventador, pero aquel trocito de plástico, se llevó el equivalente a 3 semanas de sueldo de estudiante universitario patrocinado por sus tacaños padres. Para amortizarlas iban a tener que durar algo así como 10 o 20 años.
 
 
 

El siguiente problema era como narices pegarlas al patético pantalón Garibaldi rutero que me veía obligado a lucir por aquella época. Como no era cuestión de arriesgarse a perder por la carretera de La Villa, unas deslizaderas de 7000 pesetas pegadas con celo, no hubo más remedio que continuar con mis masculinas tardes de tiendas por Gijón acudiendo a la mercería del barrio.

Como es lógico compré velcro del más barato, lo cual como era aun más lógico todavía, salio carísimo cuando, aparte de volver para comprar el más carisimo velcro adhesivo, tuve que reponer la colección completa de agujas del costurero de mi madre, que fueron incapaces de atravesar el cuero, sin doblarse cual aguja intramuscular en manos de quemado Gijones haciendo prácticas de enfermería.
 
 



Entre que daba no se que, arrastrar por el suelo cosas de 7000 pesetas, que coloqué el velcro habilmente sobre mis rótulas y que las dimensiones de una deslizadera oficial, no se parecen mucho a las de las botellas de Fontvella, aquellas pastillas no llegaron a los 20 años previstos de amortización, pero casi.

Por supuesto estaban rascadas (amos hombre) pero no fue sino gracias a las limas del costurero de mi padre y a la magnífica idea de atarlas a la suela de las Nike y arrastrar el pie por el aparcamiento del estadio de futbol de Gijón.

Al cabo de unos meses y dado que no las usaba para nada, decidí patrocinar a monomeuronal J, cediendole las deslizaderas rojas, que sin duda alguna quedaban mucho mejor en su mono marca Acme. Podría haber donado otras cosas que tampoco usaba para nada, pero no era cuestión de amputarse a lo vivo algo que podría necesitar en el futuro.
 
 

 
 
 
Pero claro, si pasas casi más tiempo en los aparcamientos haciendo ceros, que en el water haciendo otras cosas, tarde o temprano, la práctica acaba imponiendose a la falta de talento. Al cabo de unos meses mareandome a base de inacabables ceros a 10 o 12 Km por hora, tenía el Garibaldi con un agujero en ambas rodillas.

Por aquella época encontraba más divertido hacer ceros toda la tarde en el aparcamiento de un colegio …que ir por carretera donde aun no tocaba rodilla con seguridad. Preveyendo que si usaba deslizaderas Dainese acabaría llevando a la ruina a mi familia, me decanté por inventos mas baratos.
 
 
 
 
 

Primero haces como los grandes pioneros de nuestro deporte, convirtiendote en el mejor cliente de “cinta americana” del pais. Pero claro, aunque racing, tambien salía ligeramente carillo. Y porque no decirlo, tras 3 horas de ceros, acababas con una rodilla clavadita a la del tipico escoces de vacaciones en Benidorm a 15 de agosto.


Lo siguiente fueron las COSAS pegadas a rodilleras de Skate como había visto hacer a los quemados a comienzos de los 90. Las latas de Coca Cola aguantaban bastante, metían un ruido racing y encima marcaban el asfalto sacando alguna chispina que otra. Lo cual al vacilón vocacional le molaba bastante. Sin embargo el tacto era un poco raro, de vez en cuando tenian un momento taja lapiz en la pizarra de clase y desgraciadamente se enganchaban en las irregularidades del asfalto.
 
 

 
 
 
 
 
Dado que mi padre era representante del productos de carpintería, no tardé en pedirle recortes de madera rectangulares para pegarlos sobre el plastico de la rodillera. Los de aglomerado eran una delicia mientras aguantaba la capa satinada exterior, pero en cuanto llegaba a la zona de virutas condensadas, se desintegraban. Acabando grandes trozos de madera debajo de la rueda trasera y grandes trozos de mononeurolal P por diversas parcelitas del aparcamiento a consecuencia de ello.

Las de madera rígida tenían múltiples virtudes: una de las más racing era su tendencia a incendiarse tras un rozamiento intenso, como haría un australopiteco cualquiera y otra más interesante aún, era su capacidad de aceptar en su superficie chapas de botella amartilladas por una mente enferma en su afán por sacar chispas con la rodilla.
 
 
 
 
 
 
Si unas chapas de botella sacaban una llamarada considerable, cualquier cerebro mínimamente mas desarrollado que el de una lombriz, llegaría a la evidente conclusión de que un lingote de metal sería LA HOSTIA.

¿Y de donde saca un enfermero un lingote de metal?


Pues esta claro: De su antiguo y abandonado barco pirata de los Clicks de famobil. El cual acabó desintegrado y sin sacar chispa , ya que estaba hecho de un corta rollos plomo no inflamable.
 
 
 
 
 
 
 
Pasados los años y una vez en posesión del ansiado mono Dainese 3 tallas mas pequeño de lo necesario, me di cuenta rápidamente de que las deslizaderas oficiales, a poco que intenes imitar al Ghost Rider, 22 horas al día durante toda la semana, duran casi tan poco como las latas de Coca Cola.
Al principio te sacrificas por una cuestión de estética, pero al cabo de varios juegos de carísimos juegos de pastillas fundidos en 1 mes, a medias entre pedrosos y circuitos varios de karts, decidí que aquello y no los DVD de Private me llevaría a la ruina.

 
Pero este aquí, que enfrente de casa de mis padres, donde aun residia a pesar de mis escasos 30 añitos, se pusieron a cambiar las tuberias de gas.

 
Tras un exahustivo analisis de material, disimulando ante las miradas de los obreros, me di cuenta con sorpresa, de que su composición, aspecto, tacto, olor y sabor eran sorprendentemente iguales al plástico del que estaban fabricadas las deslizaderas Dainese.
 
 
 
 
 



Como es absolutamente normal, para cualquier persona anormal, un trozo “abandonado” de más o menos 2 metros de embarrado tubo de plástico amarillo, acabó de manera desconocida en la cocina de mi madre.


Los gritos y amenazas de desahucio de la susodicha, por encontrar aquella enorme tubería en su casa, fueron casi tan desagradables para mis delicados oidos, como los emitidos por el mismo sujeto, cuando descubrió su cuchillo para cortar el pán, convertido en algo tan inutil para dicha tarea, como para la de cortar plástico amarillo.

La verdad es que pocas veces vacilas más, que cuando aparcas en tu bar motero habitual, con un trozo de achicharrada tubería, reforzada con cinta americana igualmente achicharrada, cubriendo las rodillas y parte de las espinillas de tu mono, achicharrado a juego con todo lo demas, a base de quedar último en carreras de scooters.
 
 
 
Conociendo mi habilidad para desangrarme cada vez que me meto en algo más complicado que hinchar las ruedas de la moto, lo de andar usando cada dos por tres una amoladora para fabricar deslizaderas low cost en mi habitación, no era lo mas recomendable. Por aquella época me hice con unos cuantos Performance Bikes (revista de cabecera para mononeuronales Británicos) y un nuevo y maravilloso mundo se mostró ante mis miopes ojos:

LAS DESLIZDERAS WAKI PAKI SACACHISPAS WIZ CON TORNILLOS DE TITANIO
 
  
 
 
Como es lógico en una epoca en la que no tenía internet para arrasar en San Ebay, en menos que de lo que terminé en leer el anuncio del fabricante, ya estaba sobre mi RS 250 dirección al concesionario más cercano a comprar varias toneladas de tornillos de titanio y plastilina. Por supuesto, en menos de lo que tardó el comercial en decirme el precio de 4 putos tornillos de mierda, volvía a estar sonbre la RS alejándome indignado del concesionario en dirección a la empresa de mi padre a robar unos cuantos tirafondos de las estanterías.

Tras cargarme el cuchillo de cortar pán de mi madre, la encimera de mi madre, el tapiz chino de mi madre haciendo un caballito con la bici y cualquier esperanza de sacar de mi algo provechoso. Había llegado el momento de cargarme la batería de cocina de

¿Quien?

Si, de mi sufrida madre.
 
 
 
 

Tras hacer un lamentable molde de plastilina con forma de deslizador, me dispuse a derretir plastico de diversa procedencia (juguetes, cinta de embalaje, menaje del hogar, cubertería de camping..) en la cacerola de calentar la leche del café de quien todos ya sabeis.

Una vez obtenido una especie de jarabe plastico burbujeante, lo vertí en el molde para instantes despues echar un buen puñado de tirafondos en el plástico fundido, para que quedasen integrados en su interior una vez solidificado de nuevo.

Tras pegarle velcro adhesivo en su parte interior y a pesar del lamentable aspecto de su parte exterior exterior, fueron directamente al Dainese de su orgulloso propietario y diseñador.

Como la mayoría de las cosas surgidas de los cerebros mas dementes, lo que parece buena idea en su matrix interior, no siempre lo es en el mundo real. Ya que en el momento en que los afilados tornillos de carpintería tocaban el asfalto del pedrosu, estos se quedaban la mayoría de las veces enganchados en las rugosidades del mismo, haciendo muy peligroso su uso en carretera. Por eso y porque se empeñaban en desprenderse de su velcro interior habilmente pegado con anterioridad con superglue de los chinos.
 
 

Hubo que esperar a entrar, cual Nacho Vidal en un sex shop, a mi visita a una tienda de motos de la Isla de Man para por fín hacerme con unas auténticas deslizaderas “Full Titanium”.

Nada de mariconadas de tornillitos. Aquellas deslizaderas Motrax, de las que ni pregunte el precio, iban totalmente recubiertas de media tonelada de escandaloso titanio sacachispas. Las Motrax fueron la sensación a mi llegada a España. Era algo nunca visto por estos lares y durante meses fuí lo más parecido a Justin Beaver entre los quemados Asturianos.


 

Creo que, al cambio, fueron alrededor de 12000 pesetas, pero entre que acababamos de entrar en el euro y no me aclaraba, que no se calcular mentalmente y que me las iba a comprar, aunque no pudiese comer el resto del viaje, no fue hasta 2 meses despues de su compra cuando me dí cuenta de una de las mayores talegadas de mi ruinosa vida motera .
 
 
 
 

Toda esa pasta quedo amortizada el día que grabé la escena del video en el que encendiamos 10 litros de gasolina con las chispas de las Motrax, cargandome en el proceso media pista de aterrizaje del club de aeromodelismo de Gijón.
 
 
 
 
Actualmente, por edad y madurez, he vuelto a las Dainese tradicionales, aunque por idiotez e inmadurez mal disimulada y dado el mundo que se abre ante uno, cada vez que por equivocacion, salgo de Orgasmatrix y entro en Ebay, con el mogollón de horteradas deslizantes que fabrican y venden en todo el mundo para arrastradores vocacionales como yo, no doy a basto para babear entre deslizaderas:
 
Sacachispas
 
 

Con banderitas
 
 

Con dibujitos
 
 

Vintage
 
 
 

De lluvia
 
 

Con figuritas
 
 

Con caras
 
 

De madera
 

De cuero
 
 
Agresivas
 
 
 
 
 
Terrorificas
 
 
 

 
Aliens
 
 

De dainese


Alpinestar

 
 

Furygan


Axo


Taichi


Wiz

 
 

Motrax

Spidi

Kushitani,

Cutres

 
Endureros

noventeros



Originales

Basicos

Tochos

De marcas sorprendentes





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.............................................................................Dios que obsesión




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